lunes, 26 de agosto de 2019

Las mareas del tiempo

agosto 26, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Tengo muchos recuerdos de cuando era pequeño.

El problema es que cuando retrocedo a mi infancia, pasada una tenue línea en cuya edad no logro ubicarme, ya no sé si son sueños o son recuerdos.

O sí soñé algún recuerdo.

O sí es un recuerdo que he confundido con muchos sueños.

Pero siempre estoy ahí, parado, caminando, corriendo o jugando en el viejo y amplio corredor de la casa de mi abuela. Estoy seguro que no debe ser tan grande como yo creo, simplemente la edad le daba otra perspectiva mucho mas amplia.

El piso es de color rojo oscuro, interrumpido por una linea de cemento que cubre el desagüe que viene desde el patio hacia la calle. Los muros son de mampostería igual que el techo y las vigas que siempre me dieron la impresión de apenas sostenerlo son de madera.

En ese corredor recuerdo tener a mi padre frente a mi y a mi madre soltándome de la cintura mientras intento alcanzar los brazos de él dando pasitos a trompicones. Fallo en mi intento y caigo lentamente al piso en donde ninguno de los dos logra amortiguar mi caída. Después recuerdo a mi madre sobándome la cabeza enérgicamente mientras pienso para mi mismo que no me ha dolido nada.

Yo creí que era un sueño... ellos dicen que fueron mis primeros pasos.

Pero los recuerdos de ese lugar que mas me intrigan es de cuando me recuerdo jugando solo, como siempre, cantando solo, riendo solo, girando y girando hasta que pierdo el equilibrio y me recuesto en el piso mirando como el techo me da vueltas y soltando carcajadas.

Entonces me vienen imágenes a la cabeza, de risas, canciones y correrías de otros niños.

Me observo jugar con ellos.

Corriendo tratando de alcanzarlos, no reconozco los rostros, ni las voces.

Todo ocurre en mi cabeza, estoy consciente de ello, pero la imagen es tan real que me pierdo en ella.

Dejo de ver las imágenes en tercera persona y me encuentro corriendo en un lugar desconocido persiguiendo niños que no conozco pero que me llaman por mi nombre y yo por el de ellos. 

Llego a confundir este ensueño con la realidad... "no estoy ahí", me repito.

Empiezo a recordar que yo no soy de ahí, yo no existo ni habito ahí y de repente parpadeo y estoy de nuevo en el viejo corredor. La escena me dura menos de un minuto, pero por un momento llego incluso a sentir decepción de no encontrarme en ese lugar.

No, no son duendes.

Ni visiones, ni hechicerías.

Era mi imaginación y creo que ahora sé que por salud mental la tengo parcialmente bloqueada.

Este es un recuerdo que nadie mas conoce y que hoy, viendo tu fotografía, de algún modo se me ha desbloqueado.

Viendo a esa pequeña niña de ojos pequeños y oscuros y su pequeño y hermoso vestido.

Estoy seguro que para cuando se tomó esa foto yo me encontraba en aquél viejo corredor imaginando cosas que no existían en un mundo que creé para mi mismo.

Ya no logró llegar a ese nivel de vividez en mi imaginación o en mis recuerdos, al menos no del mismo modo.

Pero sí, cuando empiezo a recordarnos, a vernos y a sentirnos es mi cuerpo el que reacciona y recuerda. Cuando observo nuestro tiempo juntos es como si pasara todo a la vez, sin un orden cronológico, lógico o coherente.

Todo pasa al mismo tiempo y mi cuerpo se eriza lo mismo entre tus labios, que con mis abrazos.

Es como un enorme mar con un remolino gigante en el centro, girando dentro de una tormenta.

Los mismo te amo que te lastimo con mi ausencia, lo mismo sufro tratando de hacerme notar que siendo de corazón frío contigo, lo mismo me pasan tus te quieros que los "no tengo ni la menor idea de lo que estas hablando".

Son las mareas del tiempo que golpean mi mente como a una roca en medio de las olas embravecidas.

Lo mismo me da una desesperación y melancolía enorme por no poder tenerte, por no llegar a tiempo, por haberte perdido antes si quiera de haberte conocido que alegrarme de haberlo hecho pese a las circunstancias.

¿Donde estaba yo cuando saliste en la escolta? ¿Que hacía mientras tu aprendías de la vida y yo me escondía de ella? ¿Donde estaba mi corazón cuando debió de haber estado pegado al tuyo?

Solo hay un lugar donde las corrientes convergen finalmente.

Donde mi cuerpo respira y la sensación de vacío desaparece.

Es en un recuerdo.

En un vehículo, tu vehículo.

Frente al local donde bailé unos quince años como chambelán de una prima.

Donde me emborrache por primera vez en una fiesta.

Ese día no te lo dije pero nos detuvimos en una calle con tanta historia de mi adolescencia y juventud para mí que me dió miedo que tuvieras miedo.

El tiempo no me dejó contártelo, por que ese día fue el último que nos besamos y nos abrazamos y nos divertimos tanto que lo que sucedió después parecería que fue un castigo a tanta felicidad vivida por dos mortales.

Ahí es donde mis mareas se detienen.

Conmigo separando mis labios de los tuyos, mirándonos mutuamente y soltando una carcajada.

"Me dijiste que ese labial no manchaba", te "reclame" entre risas.

Nos miramos y nuestras caras parecían de payaso.

Nos limpiamos un poco y seguimos besándonos hasta que todo el labial desapareció.

Me divertí tanto.

Disfruté tanto ese instante.

Eramos genuínamente felices.

Era el momento adolescente que nunca tuvimos, el tiempo perdido en el tiempo que la eternidad nos negó. 

Allí corazón, es donde las corrientes dejan de golpear y las arenas se detienen, donde los puntos se separan de las comas, y las letras se pierden y desaparecen, donde mis sentidos se agitan, ahí en ese día, en esa calle, en ese vehículo, junto a ti es donde el tiempo deja de ser tiempo y mi imaginación se desvanece.

Es allí donde mi presente, pasado y futuro converge, en esa gran y enorme burbuja donde la niña de los ojos oscuros y lindo vestido y el niño tirado en el piso del corredor por fin se encontraron para amarse.



sábado, 24 de agosto de 2019

El último ocaso

agosto 24, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Aquella tarde te esperé.
No se suponía que fueras pero me dijiste que intentarías hacerlo.

Era la última antes de que tu trabajo conmigo por las tardes terminara.

Pero tenías que alistarte... el gran día se acercaba y ya estabas en tus últimos preparativos.

Ese día, me dijiste, irías a ver tus uñas y después a despedirte.

Pero no llegaste.

Vagué moribundo por aquellos pasillos que nos escucharon reír, por los edificios que nos vieron tomados de las manos, por los lugares tan conocidos que de repente habían perdido interés para mí.

Tu te desaparecerías de ese lugar y yo tendría que vivir con tu fantasma atravesando esas paredes hasta que yo también me fuera o cambiáramos de edificio.

Aquellas tardes yo te miraba desde mi lugar.

A veces lo notabas, a veces hacías como que no.

A veces te lo hacían notar y tu lo negabas con la cabeza tratando de disimular lo que yo por descuido dejaba entre ver.

En esa oficina fue donde intenté robarte un beso y siempre me presumiste que de tus labios nunca nadie podría lograrlo.

Y era verdad, mas no comprendí que los besos no se roban... se ganan.

Vagué aquella tarde recordándonos, observando el pasillo y el barandal donde te vi la primera vez.

Esperé hasta la última hora con la esperanza de que llegaras.

Ese pudo ser nuestro último ocaso juntos, el último día en que verías el sol morir entre las ventanas de ese viejo edificio pero no llegaste y entonces jamás sospeché o pensé o se me ocurrió que nunca mas podríamos vivir uno.

Y por más que intente recordar el anterior, casi podría jurar que fue uno de lo más cotidiano.

Uno en el que yo pasaba por ti como cada tarde para ir a buscarte, llegar de la mano antes que nadie para que nadie nos viera. Jugar, reir, bromear.

Vivir el rayó que nos pegó.

La primera parte de nuestra historia moría ese atardecer.

Es por ello que hace poco logré hacer de forma virtual lo que físicamente tal vez nunca logremos vivir.

Sentado en la arena observando los últimos rayos iluminar el firmamento se me ocurrió buscarte en el celular e increíblemente te encontré.

Mi corazón se paró en seco.

Intenté hacerlo lo más tranquilo posible pero las circunstancias era complicadas.

No dude un segundo, tome foto, grabé, te lo envíe, metí mi mano dentro de la arena tibia y suave y traté de imaginar que eran tus dedos los que resbalaban sobre los míos.

Cerré los ojos un instante para intentar confundir los finos granos que me punzaban el rostro con el viento con tu hermoso y oscuro cabello rodeándolo mientras contemplábamos la luz morir en el horizonte.

Saboreé la salada sensación en mis labios tratando de pensar en las palabras que te diría si estuvieras ahí en ese momento.

Pinté la escena como un hermoso cuadro en el que posábamos para grabar en la eternidad el sentimiento que une nuestros corazones.

Estuviste ahí efímeramente, conmigo, entre mis brazos.

O eso quise imaginar y a ese recuerdo es al que deseo aferrarme.

Por que te extrañé aquel día como hace ocho años cuando besaba tu fantasma caída la noche esperando tu llegada, por que deseaba tu presencia, como ahora la anhelo cada noche, de la forma en la que podamos estar.

Por que todo lo que pido es tener tu mano tomada de la mía, sentados en la arena, con la luna saliendo y el sol ocultándose, mientras miramos el horizonte con sus tonos rojizos y anaranjados dejando entre ver nuestras estrellas que adornan la ilusión de nuestro cariño y te susurro tiernamente al oído que nunca olvides cuanto te quiero y que vivamos por siempre y para siempre en este último ocaso.




miércoles, 21 de agosto de 2019

Lo mejor de mí

agosto 21, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Desde aquella primera llamada, hace ya unos ocho meses, te sentí diferente.

Quizá cambiaste un poco... o quizá yo aprendí a escucharte mejor.

No hay un momento de mi vida en el que me preguntaras si me sentía mal conmigo mismo y no estuviese convencido de que era la mejor versión de mi mismo.

Maximizaba mis aptitudes y minimizaba mis defectos.

Tal vez era la mejor version de mi mismo en el momento pero definitivamente no era el mejor ser humano que aspiraba a ser.

Siempre he sido soñador, idealista y hasta un poco ingenuo.

Pero era egoísta, orgulloso, un poco machista, enojón y dramático.

Aún conservo los dos últimos aun que he ido mejorando enormemente los tres primeros.

No supe lo que era hasta que me reencontré contigo.

En un par de veces que platicamos, de esas veces en las que solo buscaba que me dijeras lo que quería escuchar y que te convirtieras en lo que yo quería que fueras, llegué a decirte que quería cambiar al mundo. Y no me daba cuenta que en realidad significaba que quería que las cosas fueran a mi manera, incluyéndote a ti.

Creí que a mi modo era el único y el mejor. Y así, al chocar de frente con la realidad de tu existencia, te dejaba de nuevo en la plática, por meses o años.

Toqué fondo, como ya te he comentado muchas veces.

Fue entonces que me di cuenta de que algo estaba mal, de que no era el poseedor absoluto de la verdad de las cosas. Me di cuenta que tu no eras la "tu" que yo quería forzar a que encajara en mi mundo, que eras la parte linda que conocí, la parte fría, la parte que me enamoró con su sonrisa y su forma sin temor de ser, a veces cínica, pero siempre noble.

También eras esa parte que me negaba a aceptar, la que tenía un cargo de conciencia del tamaño del mundo, la que tenía dudas y temores, la que estaba igual de confundida que yo con lo que estaba pasando, con lo que estábamos sintiendo.

Yo creía que solo era pesadez tuya, un ejercicio inútil de negación, y que debías ver las cosas como yo, que tenías que ver las cosas como yo.

Tienes razón cuando dices que yo ya estaba en proceso de cambio cuando te llamé aquel día.

Pero la verdad es que solo conocía donde estaba el hoyo y tu me enseñaste que tan profundo era.

Fue gracias a ti.

Fue gracias a que me abrí a escuchar y ver el mundo a través de tus pequeños y oscuros ojos, a tomar de tu voz las palabras correctas, a escuchar con tus oídos y pensar como lo harías en tu corazón que poco a poco fui modificando mis hábitos.

A través de tus problemas cotidianos, de tus dudas, de tus incertidumbres, le fui dando forma a los míos.

Me ayudaste a ser mejor persona y me atreví a apoyarte a ti de la manera en que tu lo haces conmigo y siento que de algún modo nos influimos, nos mejoramos, nos hicimos menos fragmentados. Resanamos algunas fracturas, limpiamos nuestras heridas y sanamos nuestros dolores.

Siempre te he dicho, que cuando escuches a alguien hablar bien de mi, debes sentirte orgullosa por que tu has sido en gran parte responsable de hacerme lo que soy ahora.

No soy la mejor versión de mí, soy mejor que ayer y trataré de serlo un poquito mas mañana.

Siempre hay tropiezos y hasta ahora te tuve a mi lado para sostenerme y orientarme.

Ahora estas mas alejada de mí.

Pero logré asimilarte tanto, comprenderte tanto, adquirí tanto de tu visión de esta vida que por ahora puedo imaginar lo que me dirías y levantarme el ánimo en tus palabras que aun resuenan en mi cabeza.

Todo lo que hago es para devolverte un poquito de lo mucho que me has dado.

Me dijiste que no sabías amar pero lo que has hecho por mi, con la infinita paciencia que has sacado de no se donde, es amor.

Viviré eternamente agradecido y por las noches susurraré tu nombre a la luna para que ella te diga todo lo que no te puedo yo decir.

Una vez me preguntaste si no me gustaría que tu supieras de las cosas que yo sé, de las cosas raras que me gustan, de las materias que yo dominó, de las cosas con las que me gano la vida.

Y la verdad es que no.

Te quiero tal cual como eres, con todos tus detalles, con tus virtudes que son muchas y tus defectos que son pocos aun que acentuados.

Por que todo en su conjunto eres tu.

Por eso es que no me enojo contigo, por eso crees que te he llegado a leer la mente, y muchas cosas no me sorprenden de ti, por que te he asimilado en gran aparte y he aprendido a querer cada detalle tuyo, eres tu y tu forma de vivir de la que me he enamorado.

La calidez de tus brazos, los lunares de tu rostro, la suavidad de tus labios, la mirada que me mata y me deshace, el sabor a café de tu aliento y hasta las pequeñas mordidas en mi labio inferior que a veces me regalas, son solo parte del ser que he llegado a amar.

No hay nada de ti que no me sea interesante, no hay plática tuya que no valga la pena tener, por que eres tu corazón, ahora, ocho meses después de aquella llamada, puedo decir que lo sé.

martes, 20 de agosto de 2019

Tu vida entre mis brazos

agosto 20, 2019 Posted by Don Dramas No comments
No te recordaba tan chaparrita.

No recordaba que estando entre mis brazos era capaz de acomodar mi barbilla sobre tu cabello y hacerte cosquillas en la frente con mi barba.

Tal vez por que hace ocho años no soltabas tus zapatos altos o quizá en estos ocho años aprendí a tener la confianza que da la edad, el tiempo, encontrar las solución a los problemas o dejar de preocuparse por los que no lo tienen.

Quizá es por que ahora me logró erguir con orgullo en mis 1.70, en vez de encorvar la espalda y hacerme bolita entre mis miedos.

O quizá es por que tu apenas pasas los 1.50 y por eso te llamaba mujercita.

Soy la única persona a la que le has perdonado llamarte en diminutivo.

Desde aquel primer abrazo en el estacionamiento buscaste la manera de acomodarte cerca de mi corazón, siempre transmitiendo una sensación distinta, dependiendo de tu humor.

Ame cuando pusiste tus manos sobre mi pecho y me dejaste rodearte para brindarte protección o cuando me abrazaste por primera cerca de tu trabajo, en la acera, hace ocho años y me besaste el cuello por que ambos estábamos muy nerviosos y yo no baje la cara y tu hiciste puntillas para alcanzarla.

Cuando nos despedimos por última vez, aquella noche en la que encontraste un pretexto para ir hacía mi y yo no supe apreciarlo, no supe darme cuenta que era el "te necesito en mi vida" que yo deseaba que dijeras, no dimensioné el riesgo que corriste y la forma en que me miraste para decirme el "te quiero" que en esa época nunca escuché de tus labios.

Te tome un poco arriba de la cintura y te molestó que te tocara "tus llantitas" y sin pensarlo termine  poniendo las manos sobre tus caderas. Ha sido la única vez que las he tocado y aún recuerdo la sensación nerviosa de mis manos mientras te tenía junto a mi y te sostenía tan cerca que casi podía escuchar tus latidos pidiendo prolongar lo inevitable, casi sentía el suave y tibio calor de tu aliento y tu respiración entre cortada.

No sabía leer tus gestos como ahora.

De haberlo hecho ahí se hubiese sellado nuestro "primer beso real" y tal vez la historia sería diferente.

Ahora que la vida nos ha traído juntos de nuevo, cada abrazo que me has dado lo disfruto al máximo, desde los abrazos con amor disimulado que nos hemos tenido que dar hasta los "abrazos/besos/te quiero/no me sueltes/ apriétame fuerte que si nos perdemos en este mundo quiero que sea en la lejanía de nuestros suspiros", hasta los que simplemente me dicen "eres mío aun que nadie lo sepa".

Y sin embargo aún no te sé leer del todo.

Por que si así fuera, aquella mañana en el oxxo te habría dado el abrazo que nuca te he dado, el que nos ha faltado en nuestro repertorio de idas y venidas, el único que se nos ha negado una y otra vez por nuestras circunstancias.

"Te iba a tomar por la espalda y rodearte la cintura con mis brazos" te dije.

Lo mas triste no fue que no lo haya hecho.

Lo mas triste es que pensé que si no lo hacía en ese momento tendría toda la vida para intentarlo.

Creí que el mundo era nuestro y que las circunstancias jamás cambiarían y que te tendría a mi disposición cuando quisiera hacerlo y que tarde o temprano terminaríamos abrazados como adolescente enamorados.

Creí que la vida no volvería a girar en nuestra contra y lejos estaba incluso de pensar que aun que durase toda la vida, mi vida pudo haber sido mas corta de lo imaginado.

Lo mas triste de ese abrazo que no te dí y que ahora me quedaré anhelando eternamente, pensando en que se sentirá tener tu cabello sobre mi rostro, sentir tus manos sobre las mías mientras te sostengo y me acaricias los brazos, mientras siento el perfume de tu cuello y respiro sobre tu nuca, lo mas triste de aquel abrazo que no te dí corazón es que me dijiste "debiste hacerlo".












viernes, 16 de agosto de 2019

Un suspiro al final del tiempo

agosto 16, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Cruce ríos, subí cerros, caminé pastizales...

Corrí a través de pueblos y colonias, lo mismo dormí en casas de madera, tierra o cemento.

Anduve, anduve mucho.

Anduve solo.

Cargaba con mis pensamientos como amigos, miraba la luna tendido en la góndola de una camioneta, paciente, con calma, esperando regresar a casa.

Mis ropas se empaparon de lluvia o de sudor y a veces de ambos, mi frente fue rajada por el sol, mis pies quemados por el polvo.

Alguna vez te dije que no me cansaba caminar... no sé si me creíste.

Nunca me sentí solo, por que me crecí solo.

Me crecí solo estando acompañado.

Viví en mi mundo, aprendí de él a través de los ojos de los demás y cuando me tocó salir me di cuenta que no sabía nada y seguí aprendiendo. 

Yo, mis pensamientos y un par de zapatos que aguantaran mis largas caminatas era todo lo que necesitaba para continuar con mis días.

Amé mi soledad, nada me faltaba o eso creía.

Entonces llegaste tú.

Y mis viajes se me empezaron a hacer largos, cansados, aburridos. Pensaba en que harías, en donde estarías, en que pensabas, en cuantas horas de viaje faltaban, si te acordabas de mí, si pensabas en mí, si irías por casualidad ese día hasta mi oficina a ver si me encontraba, si preguntarías a donde me fuí o cuanto tardaría en volver.

Muchas de las canciones que te obsequié de "la carpeta uno" son de esos primeros días, de cuando aún viajaba y ya te había conocido.

Y empecé a buscar pretextos para no viajar, para no salir, para permanecer contigo.

No sé si lo supiste o te diste cuenta.

En uno de mis últimos viajes te mensajeaba desde la regadera, como ahora, solo que en aquel entonces no me creías. Y te fuiste volviendo parte de mí y después vino aquel abrazo de despedida que finalmente terminó con todo, por mi culpa como siempre, y creí que mi mundo regresaría a la normalidad después de eso.

Pero no fue así.

Empecé a andar de nuevo un tiempo pero ya no era lo mismo.

Mis pensamientos ya no eran mis amigos por que habían decidido andar contigo.

Nunca te he dicho lo que pasó después que decidí retirarme de tu vida hace ocho años.

Pero te extrañé mucho.

Intenté borrar tu nombre de mi cabeza, de mis sueños y pensamientos. Traté de imaginar un mundo sin tí y eso me hizo entrar en conflicto conmigo mismo. Intentaba convencerme con todas mis fuerzas que era mejor así, que no te necesitaba en mi vida, que no eras indispensable y eso me llevó a muchas etapas de sufrimiento de las cuales tu fuiste testigo en algunos casos, desde el resentimiento que te llegué a mostrar, el desdén, la falta de empatía y a veces regresaba como perro con su dueño con la cola entre las patas a decirte hola de nuevo.

Y contestabas y en algún punto me volvía a enojar, contigo, conmigo, con todo, con el mundo.

Y me iba.

No corazón, no me haces daño al estar conmigo ni de cerca ni de lejos, ahora lo sé. 

Me hace daño tu ausencia.

Me deja vacío.

Me causa incertidumbre el no saber de ti.

Pero no quería regresar a tu vida por necesidad, tenía que encontrar primero la paz conmigo mismo antes de intentar volver hacia ti. Ahí fue cuando empecé a tratar de realmente comprender lo que había pasado. Cuando me fui no lo hice odiándote, me fui confundido de que no me pudieras decir tus sentimientos y como, dije antes, me faltó escuchar tu corazón en vez de tu voz para darme cuenta de la verdad.

Y desde ahí empecé a trabajar en mi mismo, poco a poco, en vez de querer cambiar al mundo decidí cambiarme. Me perdoné por la espiral de autodestrucción que me estaba inflingiendo, me di cuenta que el problema no eras tu, ni yo, sino de las circunstancias como siempre, que sufrimos igual en el mejor de los casos, que no tenía nada que perdonarte ni tu que perdonarme.

En mi último viaje, antes de aquella llamada, fui a una hermosa playa, destino turístico, por cuestiones de trabajo. Viajé en un barco a través del mar agitado por la llovizna que medio caía y medio dejaba ver los últimos rayos del sol de entre las nubes, apenas lo suficiente para pintar un ocaso, apenas lo suficiente para recordar que aún llovía.

Todo era fiesta, había licor y cerveza, cantos, bailes, música, personas disfrazadas de pirata haciendo una obra muy entretenida, actores realmente. Y en medio de la algarabía me fui a un rincón como siempre hago, a la punta del barco a ver lo que se pudiese del atardecer.

No me percate pero por primera vez en mucho tiempo me sentí en paz con mi soledad de nuevo.

Y sin embargo, sentía que algo me faltaba.

No supe qué, debo confesar que no recordé tu nombre, ni tu voz, ni tu cara en ese momento.

Fue hasta mucho tiempo después que recordando aquel instante caí en cuenta. Pensando en aquella tarde recordé el primer libro que leí, uno de ciencia ficción: Viaje en el tiempo de HG Wells. En él cuando el protagonista viaja miles de millones de años en el futuro se encuentra en una playa completamente oscura y vacía, con un crustáceo apenas moviéndose en ella.

Siempre creí que ese crustáceo era la criatura mas solitaria del universo, al final del tiempo, en un mundo decaído, sin sol, sin luna ni estrellas...

Sin luna ni estrellas.

Y solté un suspiro.

Y sonreí.

Y supe que ya era tiempo.

No te necesitaba, pero extrañaba tenerte en mi vida.

Amaba mi soledad, pero amaba más compartirla contigo y eso, para alguien que estaba acostumbrado a caminar por el mundo solo, ya es mucho decir.

Por eso volví queriendo tenerte de la forma en que te dejaras tener.

Y las cosas sucedieron de una forma que no esperaba pero que nunca podré estar mas agradecido con la vida de haber podido experimentar. 

Sigo aferrado a ti por que creo que aun te hago feliz y tu aun me haces muy feliz.

De lejitos, calladitos, muy queditos, pensando en que haremos, en que pensaremos, en que nos preocupa, que nos ocupa, que necesitamos, si nos podemos ayudar, si hay algo que podamos hacer o simplemente el hecho de decir aquí estoy para escucharte es suficiente para hacernos felices.

Aún me duele tu ausencia y después de probar el tenerte tan cerca es difícil mantener la distancia, pero por ahora solo busco hacerte sonreír a detalles para agradecerte lo feliz que me hace el tenerte de nuevo en mi vida.

Por que ahora sé que ayer, hoy y hasta el final del tiempo, siempre te querré mi eterno corazón.





miércoles, 14 de agosto de 2019

El beso fantasma

agosto 14, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Era una mañana soleada, brillante, calurosa.

Observé el parque con particular atención aquel día, de un solo barrido contaba y recontaba la cantidad de veladores que cuidaban los puestos. Algunos aún seguían durmiendo, otros estaban muy en lo suyo, uno que otro me miraba con curiosidad y desviaba la mirada cuando se topaba con la mía.

Hasta que estuve satisfecho de la "discrecionalidad" del lugar, no te indique en donde estaba... en donde te esperaba.

"¿Hay lugar para estacionarme?" me preguntaste.

Esa mañana al salir recordaba  nuestro primer medio beso.

El como te ibas preguntando a regañadientes el por que me lo habías dado, ignorando por completo el hecho de que podía escuchar tus balbuceos, dudas y de a ratos hasta remordimientos mientras te bajabas del coche y te ibas a tu casa.

Yo por mi parte estaba tan emocionado que hice caso omiso de tus pensamientos en voz alta.

Juraría que la luna se detuvo a observarnos y que dejo caer su velo para tapar su luz un poco y dejarnos llevar en el sentimiento que nunca logramos concretar del todo: la sensación de acariciar nuestros labios con los del otro.

A diferencia de aquella mañana, esa noche yo no tenía planeado nada, ni esperaba nada y solo un giro a ultimo momento de cabeza propició que nuestros labios se encontraran. 

Nos besamos mas por reacción que por deseo.

Como una pareja bien portada de muchos años que se despide de piquito deseándose buenas noches y hasta mañana. El impacto fue mas de fondo que de físico. Nuestros labios apenas y se presionaron, no hubo sabores a aliento ni caricias ni intención. Fue una traición de nuestro corazón a nuestros sentidos.

Y gastamos años enteros en pláticas esporádicas hablando de ese día, de ese "beso". 

Nuestro primer beso.

El beso fantasma que existió más en nuestros pensamientos que el medio segundo que duró.

Pero esa mañana estaba dispuesto una vez mas a cumplir mi palabra: "si en diez días seguimos juntos te iré a buscar para besarte" y tu estuviste bastante de acuerdo.

No esperábamos que duráramos tanto pero aún así solo era pretexto... los dos lo queríamos, lo anhelábamos, lo esperábamos.

Ocho años hablando de nuestro primer beso fantasma y estábamos a punto de concretar uno "real".

Te detuviste y me acerqué rápidamente como esperando que no se me escapara la oportunidad, rápido, muy rápido, como tratando de ganarle al sueño y evitar que de repente me despertara acariciando mi almohada.

Bajaste el cristal de tu ventana y me miraste con tu bella sonrisa, esos pómulos que se resaltan cuando me ves, tus lunares a los que les he contado ya mis cuentos, tus cejas pobladas y el par de hermosos ojos llenos de oscuridad y misterio que ocultas bajo tus lentes.

Y me acerqué con entusiasmo tratando de no tensar mis labios, de mantenerlos suaves pero firmes, gentiles pero al mismo tiempo impetuosos. 

Nuestro primer beso con la intención de un beso.

Y fue igual de rápido que el primero... pero diferente.

Nos acariciamos con los labios.

Nos dimos un te quiero entre alientos cruzados.

Dije algo y me contestaste pero el diálogo es irrelevante, el encuentro no era para hablar.

Era para sellar nuestro cariño.

Y me despedí y nuevamente nos besamos, igual de rápido pero al mismo tiempo intenso.

Aún estábamos nerviosos, aún teníamos miedos y dudas y empezábamos a aceptarnos.

Y fueron pura ternura.

Y fueron el inicio de muchos más que nos dimos de muchas formas, con diferentes sabores y texturas e intensiones. Fueron el portal que habrían de conectar nuestros sentidos con nuestras emociones, el inicio de la unión física que simbolizaba lo cercanos que nuestros corazones se encuentran. 

Nunca nos dimos un beso sin sentimiento.

Todos y cada uno fueron mas que besos, fueron roces de nuestras almas alimentando nuestro cariño.

Todos y cada uno pasaban de nuestra boca directo a guardarse en algún rinconcito del corazón en donde aún los almaceno todos y los guardo con cerrojos tratando de que nadie se los lleve y me los quite y se desvanezca en la oscuridad de los tiempos.

Los atesoro con mi vida y mi ser, a todos y cada uno de ellos.

Y a ninguno como el primero, el mas sagrado, el mas inocente, el que nos unió por tantos y tantos años y tantas y tantas pláticas.

El que depositó la esperanza de un amor romántico como el que finalmente vivimos.

Aun en estas noches, cuando el viento suena fuerte y se cuela en mi ventana, cuando la luna se pone el velo buscando unirnos de nuevo y recuerdo aquel coche rojo, pequeño, apeado bajo la farola de tu callejón, escucho tu voz preguntarse repetidamente los por ques y recuerdo mi sonrisa mientras te perdías por la esquina tras haberte alcanzado finalmente los labios. 

Jamás hubiera creído tener que esperar tantos años para volver a probarlos y jamás sabré cuanto tendré que esperar para volver a unirlos de nuevo.



martes, 13 de agosto de 2019

Me quiere, no me quiere

agosto 13, 2019 Posted by Don Dramas No comments
- ¿Me quieres?
- Si
- ¿Cuanto?
- Mucho

No sé si lo recuerdas... pero esas eran mis preguntas de cada noche, después de aquella noche del estacionamiento donde nos abrazamos la primera vez a causa de algún pretexto burdo que inventé y que tu estabas esperando que yo inventara.

Ese era yo buscando desesperadamente el cariño que necesitaba de ti y esa eras tu viviendo en negación, como si el callarlo lo hiciera menos real o menos peligroso para ambos.

Eramos jóvenes.

Muy jóvenes.

Aquel día, años después cuando te marqué había decidido no pedirte nada, nunca, nada, no de nuevo. 

Ya no. 

No esta vez. 

Empezaba a comprender muchas cosas que no estaban bien de mi parte, comprendí que en vez de juzgar desde mi perspectiva debi tratar de comprenderte desde la tuya. 

Es una lástima que ya empezaban a pintarse dos o tres canas en mi cabeza cuando logré comprender esto. 

Y hablamos, y hablamos y hablamos... ¿Recuerdas de que hablamos? lo de siempre: todo y nada.

Y no paramos de hacerlo.

Y en cada plática, en cada risa, cada que salía una anécdota, cada que empezaba a asomarse un recuerdo, cada que nuestra historia de juventud resonaba en nuestros corazones empecé a darme cuenta de lo inútil de aquellas preguntas.

No debí hacerlas, no era necesario. Solo tenía que hacer a un lado el enorme tamaño de mi ego que pedía a gritos ser reconocido, guardar silencio y escuchar tu corazón.

Me quisiste y la palabra mucho se quedaba corta con lo que sentías.

De repente la verdad me golpeó de fondo y forma, no la vi llegar y cuando me di cuenta ya tenía el muro de mi ceguera sentimental estrellándose en mis narices.

¿Cómo no habrías de quererme después de haberlo arriesgado todo por mi?

Y después de tan bella revelación, entre plática y plática nuestro cariño se fue reencontrando, reuniendo los pedazos de corazón que se fragmentaron de aquellos días, resanando, resurgiendo, empecé a vivirlo en vez de pensarlo, a soñarlo en vez de exigirlo, nos deje llevar por fin haciéndo a un lado mi necesidad de atención y drama.

Escuché, esta vez, atento, muy atento.

Cada pulso, cada latido, cada gota de sangre drenada a través de tu sistema circulatorio me decía con voz fuerte y clara lo que yo pedía a gritos cada noche después de aquel abrazo en el estacionamiento.

Así me acostumbre a escuchar tus sentimientos, a leer tus tonos de voz, tu mirada, tus suspiros, hasta el ritmo de tu respiración.

Lo sabía, estaba seguro, me querías, me quisiste, me quieres. No estaba adivinando del mismo modo en que no tienes que adivinar cuanto es 1+1,simplemente lo sabes. 

Pero eso no me tenía preparado para aquel día, ese día. En que mi mundo cambió por completo. Lo sospechaba, no lo creía posible por que hasta yo trataba de negarlo. No era posible, no era probable. Tu y yo no creíamos en eso o nos negabamos el uno al otro el creerlo.

Imposible, no era cierto.

Ese instante, ese momento, esa tarde en que llegaste hasta mi trabajo.

Me miraste, me sonreíste, te detuviste para que me bajara de tu vehículo y me dijiste: Te amo.

Y el mundo como lo conociamos dejo de existir.








domingo, 11 de agosto de 2019

Un día especial

agosto 11, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Creo que nunca pude estar contigo en un cumpleaños, corazón.

Por alguna razón no tengo ese recuerdo por ninguna parte.

Este año al parecer tampoco será la excepción.

Aún así, solo quiero decirte algunas cosas en este día especial.

Primero lo primero, gracias al universo, a tu mami y a cualquiera que sea la fuerza visible o invisible que te trajo a este mundo. No podría vivir con tanta alegría en el si no supiera que existes. 

Por cada año que tengas quiero regalarte un te quiero, por cada vela en tu pastel un te amo y todos mis mejores deseos para que puedas pasartela bien hoy, que seas feliz, que estes alegre, que bailes mucho, que comas lo que mas te guste, que vistas lo mas hermosa que te sientas, que cualquiera que sea tu deseo se te cumpla, que grites, saltes y cantes hasta el amanecer y que toda tu familia te recuerde lo especial que eres.

Desde aquí, en mi rincón del universo, te deseo lo mas lindo de este mundo.

Muchas felicidades, mi eterno corazón!

sábado, 10 de agosto de 2019

Lo que dura un felices por siempre

agosto 10, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Ya sabes que soy fan del Doctor, corazón.

Y tal vez sea cierto que me identifico de algún modo con muchas de sus caras.

Hoy recordé esta escena, la recordé por lo que pasó y por qué a diferencia de él, yo no sé qué pasará.

Aterrizó sin querer en un planeta que no quería con la persona que no debía y se dio cuenta que por mucho que quizo evitarlo, el destino lo alcanzó.

Nota: cuando el doctor dice "destripe" es la traducción que hicieron de "spoilers", el ya sabe el futuro de su acompañante pero no puede decírselo.


viernes, 9 de agosto de 2019

El prólogo que iba antes del Principio.

agosto 09, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Lo que nos unió, tanto ahora como antes, es lo mismo que constantemente nos separa.

"Pensé que eras frío", me decías...

Y yo pensé lo mismo corazón, tanto de ti como de mí.

Siempre fui apático con el mundo. Siempre tan simple, plano, llano, sin sabor, sin color, sin textura.
En preparatoria me decían  "el chico sin personalidad".

Tu, por otra parte, eras desdeñosa.

No eras plana, eras una enorme montaña inalcanzable de pequeñas ocurrencias. A diferencia de mi, que parecía que no tenía nada interesante que ofrecer, tu parecías una historia de misterio cuyos lunares eran los puntos suspensivos de tu rostro, que no contaba nada pero que uno sabía que ocultaba todo.

No dejabas que nadie se te acercara y nadie se interesaba en acercarse a mí.

Yo pasaba desapercibido, como un clavo en la pared, donde debía ir colgado un hermoso cuadro de muchos colores. Tu eras ese cuadro que no se dejaba ser colgado.

Al final, conforme te fui conociendo me di cuenta que solo éramos dos formas distintas de la misma sustancia.

Yo era el volcán y tu la tormenta.

A veces era alreves.

A veces eramos ambas cosas.

Ni yo era llano ni tu inalcanzable.

Era nuestra forma de evitar que la gente nos dañara.

Es nuestra forma de evitar sentir para ser lastimados.

Por que ambos, cuando sentímos, lo hacemos hasta la médula de los huesos.

Hace ocho años tu luchaste mucho y con gran éxito en evitar que yo supiera cuanto me querías. Llegué a creer que solo era el escape a tu realidad, que nunca me amaste, si acaso me quisiste. Un triste despojo al que empatía era la definición mas cercana a lo que yo te inspiraba.

Y sin embargo, a ratos llegué a creer que era el amor de tu vida. El único, el indicado, el primero y el último, el que decifraría tus enigmas, aprendería todas las salidas de tu laberinto, del que no tendrías escape ni dudas, el que te doblegaría el espíritu con la mirada y aplastaría tus miedos con la sonrisa.

Pero ambos momentos era efímeros.

No lograba comprender cual era la realidad, cual de estas dos verdades era la correcta, cual era la que fingías para no hacerte daño y cual la legítima.

Terminé confundido.

Y ahí empezaron los problemas.

Por no comprenderte y tu por miedo, no dejarte comprender.

Todo acabó hace ocho años, por razones, circunstancias e historias que todavia me faltan por contar.

Pero sépase que también en esos días te amé... Muy a mi modo, quizá tonto e infantil y lleno de huecos. Amé la parte de ti que conocí y también la que inventé. Por que al no poder conocerte del todo, rellené esos huecos con mi propia versión de ti.

Y después el destino nos unió de nuevo con una llamada.

Y ahora lo mismo que nos sigue uniendo es lo mismo que nos lastima.

El sentimiento tan profundo que nos tenemos.

Ya no tengo dudas de quien soy para ti y tu tampoco de quien eres para mí.

Ya antes escribí sobre lo que pasó hace ocho años... ahora quiero escribir de como el pasado y el presente se mezclaron para encontrarte.

Sobre como me convertí en lo que creíste que era pero que en ese momento ni yo sabía que podía llegar a ser.

Y de como logré descifrar el gran misterio de tu sonrisa.

Todavía no se el final de nuestra historia.

Pero con toda seguridad escribiendo los capítulos que hemos vivido hasta ahora sabré cuanto dura un felices para siempre.


















miércoles, 7 de agosto de 2019

El principio

agosto 07, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Creo que esa fue la primera vez que supe que me amabas.

O quizás no lo sabía por que fue a partir de ese día que te diste el permiso de amarme. 

En realidad solo estoy adivinando, hablar de tus sentimientos no es algo que se te dé, siempre vestías tu capita de teflón para que todos los te quiero del mundo se resbalaran antes de querer salir de tu boca. “Si conoces la felicidad conocerás la tristeza”, me decías y preferías no conocer ninguna de las dos. 

Sin embargo, ese día en el parque, mientras me invitabas dulcemente a sentarme junto a ti, algo estaba cambiando. Cada fibra de mi ser temblaba mientras sostenía en mi mano el libro que había prometido regalarte. 

Yo si estaba seguro de lo que sentía, me estaba enamorando de nuevo. Por que hacía ocho años ya había probado esa sensación contigo. Esos miedos, ese nervio de cuando el corazón se te hace chiquito y se acongoja a los 10 segundos de darme la vuelta y dejarte de ver. Esa sensación de dejarte en tu casa y esperar al día siguiente a encontrarme contigo de nuevo. 

El amor no se elige, estoy seguro. 

Como dijo Cortázar en Rayuela: “Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”. Por que si pudiera elegir, no podría imaginar el porqué habria de elegirte si aquella tarde en que llegaste a presentarte en la oficina, rodeada de murmullos de hombres conocidos, me obsequiaste una mirada de soslayo como preguntándote que clase de muchacho sería que no me avalance sobre ti como todos los demás que parecían chamacos precoces en celo. 

Yo pasé de largo por ese talante que todavía andas: de mujer fría, orgullosa y que esta acostumbrada a ser perseguida. Y yo en mi ser no albergo espíritu de cazador alguno y siendo honestos mujercita, tu tez morena, tu zapatos altos que disimulan tu 1.50 y tu mirada gélida me hacían verte inalcanzable. 

Es verdad, me gustaste en cuanto te vi, pero siempre esperé que ese gusto que se volvía cariño y me susurraba muy quedito que empezaba a quererte se me muriera de un momento a otro. 

No fue así. 

“Me interese en ti por que me ignoraste”, me decías. Yo siempre me he sentido un bicho raro y resulta que a ti te atrae lo raramente diferente… menuda sorpresa. 

Te entregue el libro aquella mañana, casi de medio día. Vestías tus acostumbrados lentes oscuros y una blusa sin mangas que nunca te volví a ver. Pensaste que te regalaría “un libro de los mios”, no uno nuevo de una novela que me había gustado. Aún así estabas complacida, realmente emocionada. Regalar un libro era de esas “rarezas”que tanto amas. 

Era el gesto en sí lo que te tenía tan ilusionada. 

Te di mi palabra y pese a algunos obstáculos, cumplí cabalmente. Nunca volviste a dudar de mí en ese sentido. 

Me miraste como aprendí que miras cuando quieres morir en mis besos y me diste las gracias en ese tono que descubrí que usabas cuando estabas perdida en mis ojos tratando de imaginar una vida juntos.

 Ese día caminamos hasta tu vehículo paseándonos con un poco de miedo a través de las murallas de la ciudad. Ese día caluroso, en esa caminata, con esa mirada y tu voz descubrí que el amor no se elige, nos estaba golpeando el mismo rayo que nos golpeó mucho después de aquella tarde en que nos conocimos en aquel pasillo de la oficina. 

El amor no se elige… por qué si pudiera elegirse, ¿por que elegirnos cuando, como antes, nos encontramos a destiempo?