miércoles, 7 de agosto de 2019

El principio

agosto 07, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Creo que esa fue la primera vez que supe que me amabas.

O quizás no lo sabía por que fue a partir de ese día que te diste el permiso de amarme. 

En realidad solo estoy adivinando, hablar de tus sentimientos no es algo que se te dé, siempre vestías tu capita de teflón para que todos los te quiero del mundo se resbalaran antes de querer salir de tu boca. “Si conoces la felicidad conocerás la tristeza”, me decías y preferías no conocer ninguna de las dos. 

Sin embargo, ese día en el parque, mientras me invitabas dulcemente a sentarme junto a ti, algo estaba cambiando. Cada fibra de mi ser temblaba mientras sostenía en mi mano el libro que había prometido regalarte. 

Yo si estaba seguro de lo que sentía, me estaba enamorando de nuevo. Por que hacía ocho años ya había probado esa sensación contigo. Esos miedos, ese nervio de cuando el corazón se te hace chiquito y se acongoja a los 10 segundos de darme la vuelta y dejarte de ver. Esa sensación de dejarte en tu casa y esperar al día siguiente a encontrarme contigo de nuevo. 

El amor no se elige, estoy seguro. 

Como dijo Cortázar en Rayuela: “Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”. Por que si pudiera elegir, no podría imaginar el porqué habria de elegirte si aquella tarde en que llegaste a presentarte en la oficina, rodeada de murmullos de hombres conocidos, me obsequiaste una mirada de soslayo como preguntándote que clase de muchacho sería que no me avalance sobre ti como todos los demás que parecían chamacos precoces en celo. 

Yo pasé de largo por ese talante que todavía andas: de mujer fría, orgullosa y que esta acostumbrada a ser perseguida. Y yo en mi ser no albergo espíritu de cazador alguno y siendo honestos mujercita, tu tez morena, tu zapatos altos que disimulan tu 1.50 y tu mirada gélida me hacían verte inalcanzable. 

Es verdad, me gustaste en cuanto te vi, pero siempre esperé que ese gusto que se volvía cariño y me susurraba muy quedito que empezaba a quererte se me muriera de un momento a otro. 

No fue así. 

“Me interese en ti por que me ignoraste”, me decías. Yo siempre me he sentido un bicho raro y resulta que a ti te atrae lo raramente diferente… menuda sorpresa. 

Te entregue el libro aquella mañana, casi de medio día. Vestías tus acostumbrados lentes oscuros y una blusa sin mangas que nunca te volví a ver. Pensaste que te regalaría “un libro de los mios”, no uno nuevo de una novela que me había gustado. Aún así estabas complacida, realmente emocionada. Regalar un libro era de esas “rarezas”que tanto amas. 

Era el gesto en sí lo que te tenía tan ilusionada. 

Te di mi palabra y pese a algunos obstáculos, cumplí cabalmente. Nunca volviste a dudar de mí en ese sentido. 

Me miraste como aprendí que miras cuando quieres morir en mis besos y me diste las gracias en ese tono que descubrí que usabas cuando estabas perdida en mis ojos tratando de imaginar una vida juntos.

 Ese día caminamos hasta tu vehículo paseándonos con un poco de miedo a través de las murallas de la ciudad. Ese día caluroso, en esa caminata, con esa mirada y tu voz descubrí que el amor no se elige, nos estaba golpeando el mismo rayo que nos golpeó mucho después de aquella tarde en que nos conocimos en aquel pasillo de la oficina. 

El amor no se elige… por qué si pudiera elegirse, ¿por que elegirnos cuando, como antes, nos encontramos a destiempo?

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