sábado, 24 de agosto de 2019

El último ocaso

agosto 24, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Aquella tarde te esperé.
No se suponía que fueras pero me dijiste que intentarías hacerlo.

Era la última antes de que tu trabajo conmigo por las tardes terminara.

Pero tenías que alistarte... el gran día se acercaba y ya estabas en tus últimos preparativos.

Ese día, me dijiste, irías a ver tus uñas y después a despedirte.

Pero no llegaste.

Vagué moribundo por aquellos pasillos que nos escucharon reír, por los edificios que nos vieron tomados de las manos, por los lugares tan conocidos que de repente habían perdido interés para mí.

Tu te desaparecerías de ese lugar y yo tendría que vivir con tu fantasma atravesando esas paredes hasta que yo también me fuera o cambiáramos de edificio.

Aquellas tardes yo te miraba desde mi lugar.

A veces lo notabas, a veces hacías como que no.

A veces te lo hacían notar y tu lo negabas con la cabeza tratando de disimular lo que yo por descuido dejaba entre ver.

En esa oficina fue donde intenté robarte un beso y siempre me presumiste que de tus labios nunca nadie podría lograrlo.

Y era verdad, mas no comprendí que los besos no se roban... se ganan.

Vagué aquella tarde recordándonos, observando el pasillo y el barandal donde te vi la primera vez.

Esperé hasta la última hora con la esperanza de que llegaras.

Ese pudo ser nuestro último ocaso juntos, el último día en que verías el sol morir entre las ventanas de ese viejo edificio pero no llegaste y entonces jamás sospeché o pensé o se me ocurrió que nunca mas podríamos vivir uno.

Y por más que intente recordar el anterior, casi podría jurar que fue uno de lo más cotidiano.

Uno en el que yo pasaba por ti como cada tarde para ir a buscarte, llegar de la mano antes que nadie para que nadie nos viera. Jugar, reir, bromear.

Vivir el rayó que nos pegó.

La primera parte de nuestra historia moría ese atardecer.

Es por ello que hace poco logré hacer de forma virtual lo que físicamente tal vez nunca logremos vivir.

Sentado en la arena observando los últimos rayos iluminar el firmamento se me ocurrió buscarte en el celular e increíblemente te encontré.

Mi corazón se paró en seco.

Intenté hacerlo lo más tranquilo posible pero las circunstancias era complicadas.

No dude un segundo, tome foto, grabé, te lo envíe, metí mi mano dentro de la arena tibia y suave y traté de imaginar que eran tus dedos los que resbalaban sobre los míos.

Cerré los ojos un instante para intentar confundir los finos granos que me punzaban el rostro con el viento con tu hermoso y oscuro cabello rodeándolo mientras contemplábamos la luz morir en el horizonte.

Saboreé la salada sensación en mis labios tratando de pensar en las palabras que te diría si estuvieras ahí en ese momento.

Pinté la escena como un hermoso cuadro en el que posábamos para grabar en la eternidad el sentimiento que une nuestros corazones.

Estuviste ahí efímeramente, conmigo, entre mis brazos.

O eso quise imaginar y a ese recuerdo es al que deseo aferrarme.

Por que te extrañé aquel día como hace ocho años cuando besaba tu fantasma caída la noche esperando tu llegada, por que deseaba tu presencia, como ahora la anhelo cada noche, de la forma en la que podamos estar.

Por que todo lo que pido es tener tu mano tomada de la mía, sentados en la arena, con la luna saliendo y el sol ocultándose, mientras miramos el horizonte con sus tonos rojizos y anaranjados dejando entre ver nuestras estrellas que adornan la ilusión de nuestro cariño y te susurro tiernamente al oído que nunca olvides cuanto te quiero y que vivamos por siempre y para siempre en este último ocaso.




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