lunes, 26 de agosto de 2019

Las mareas del tiempo

agosto 26, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Tengo muchos recuerdos de cuando era pequeño.

El problema es que cuando retrocedo a mi infancia, pasada una tenue línea en cuya edad no logro ubicarme, ya no sé si son sueños o son recuerdos.

O sí soñé algún recuerdo.

O sí es un recuerdo que he confundido con muchos sueños.

Pero siempre estoy ahí, parado, caminando, corriendo o jugando en el viejo y amplio corredor de la casa de mi abuela. Estoy seguro que no debe ser tan grande como yo creo, simplemente la edad le daba otra perspectiva mucho mas amplia.

El piso es de color rojo oscuro, interrumpido por una linea de cemento que cubre el desagüe que viene desde el patio hacia la calle. Los muros son de mampostería igual que el techo y las vigas que siempre me dieron la impresión de apenas sostenerlo son de madera.

En ese corredor recuerdo tener a mi padre frente a mi y a mi madre soltándome de la cintura mientras intento alcanzar los brazos de él dando pasitos a trompicones. Fallo en mi intento y caigo lentamente al piso en donde ninguno de los dos logra amortiguar mi caída. Después recuerdo a mi madre sobándome la cabeza enérgicamente mientras pienso para mi mismo que no me ha dolido nada.

Yo creí que era un sueño... ellos dicen que fueron mis primeros pasos.

Pero los recuerdos de ese lugar que mas me intrigan es de cuando me recuerdo jugando solo, como siempre, cantando solo, riendo solo, girando y girando hasta que pierdo el equilibrio y me recuesto en el piso mirando como el techo me da vueltas y soltando carcajadas.

Entonces me vienen imágenes a la cabeza, de risas, canciones y correrías de otros niños.

Me observo jugar con ellos.

Corriendo tratando de alcanzarlos, no reconozco los rostros, ni las voces.

Todo ocurre en mi cabeza, estoy consciente de ello, pero la imagen es tan real que me pierdo en ella.

Dejo de ver las imágenes en tercera persona y me encuentro corriendo en un lugar desconocido persiguiendo niños que no conozco pero que me llaman por mi nombre y yo por el de ellos. 

Llego a confundir este ensueño con la realidad... "no estoy ahí", me repito.

Empiezo a recordar que yo no soy de ahí, yo no existo ni habito ahí y de repente parpadeo y estoy de nuevo en el viejo corredor. La escena me dura menos de un minuto, pero por un momento llego incluso a sentir decepción de no encontrarme en ese lugar.

No, no son duendes.

Ni visiones, ni hechicerías.

Era mi imaginación y creo que ahora sé que por salud mental la tengo parcialmente bloqueada.

Este es un recuerdo que nadie mas conoce y que hoy, viendo tu fotografía, de algún modo se me ha desbloqueado.

Viendo a esa pequeña niña de ojos pequeños y oscuros y su pequeño y hermoso vestido.

Estoy seguro que para cuando se tomó esa foto yo me encontraba en aquél viejo corredor imaginando cosas que no existían en un mundo que creé para mi mismo.

Ya no logró llegar a ese nivel de vividez en mi imaginación o en mis recuerdos, al menos no del mismo modo.

Pero sí, cuando empiezo a recordarnos, a vernos y a sentirnos es mi cuerpo el que reacciona y recuerda. Cuando observo nuestro tiempo juntos es como si pasara todo a la vez, sin un orden cronológico, lógico o coherente.

Todo pasa al mismo tiempo y mi cuerpo se eriza lo mismo entre tus labios, que con mis abrazos.

Es como un enorme mar con un remolino gigante en el centro, girando dentro de una tormenta.

Los mismo te amo que te lastimo con mi ausencia, lo mismo sufro tratando de hacerme notar que siendo de corazón frío contigo, lo mismo me pasan tus te quieros que los "no tengo ni la menor idea de lo que estas hablando".

Son las mareas del tiempo que golpean mi mente como a una roca en medio de las olas embravecidas.

Lo mismo me da una desesperación y melancolía enorme por no poder tenerte, por no llegar a tiempo, por haberte perdido antes si quiera de haberte conocido que alegrarme de haberlo hecho pese a las circunstancias.

¿Donde estaba yo cuando saliste en la escolta? ¿Que hacía mientras tu aprendías de la vida y yo me escondía de ella? ¿Donde estaba mi corazón cuando debió de haber estado pegado al tuyo?

Solo hay un lugar donde las corrientes convergen finalmente.

Donde mi cuerpo respira y la sensación de vacío desaparece.

Es en un recuerdo.

En un vehículo, tu vehículo.

Frente al local donde bailé unos quince años como chambelán de una prima.

Donde me emborrache por primera vez en una fiesta.

Ese día no te lo dije pero nos detuvimos en una calle con tanta historia de mi adolescencia y juventud para mí que me dió miedo que tuvieras miedo.

El tiempo no me dejó contártelo, por que ese día fue el último que nos besamos y nos abrazamos y nos divertimos tanto que lo que sucedió después parecería que fue un castigo a tanta felicidad vivida por dos mortales.

Ahí es donde mis mareas se detienen.

Conmigo separando mis labios de los tuyos, mirándonos mutuamente y soltando una carcajada.

"Me dijiste que ese labial no manchaba", te "reclame" entre risas.

Nos miramos y nuestras caras parecían de payaso.

Nos limpiamos un poco y seguimos besándonos hasta que todo el labial desapareció.

Me divertí tanto.

Disfruté tanto ese instante.

Eramos genuínamente felices.

Era el momento adolescente que nunca tuvimos, el tiempo perdido en el tiempo que la eternidad nos negó. 

Allí corazón, es donde las corrientes dejan de golpear y las arenas se detienen, donde los puntos se separan de las comas, y las letras se pierden y desaparecen, donde mis sentidos se agitan, ahí en ese día, en esa calle, en ese vehículo, junto a ti es donde el tiempo deja de ser tiempo y mi imaginación se desvanece.

Es allí donde mi presente, pasado y futuro converge, en esa gran y enorme burbuja donde la niña de los ojos oscuros y lindo vestido y el niño tirado en el piso del corredor por fin se encontraron para amarse.



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