martes, 13 de agosto de 2019

Me quiere, no me quiere

agosto 13, 2019 Posted by Don Dramas No comments
- ¿Me quieres?
- Si
- ¿Cuanto?
- Mucho

No sé si lo recuerdas... pero esas eran mis preguntas de cada noche, después de aquella noche del estacionamiento donde nos abrazamos la primera vez a causa de algún pretexto burdo que inventé y que tu estabas esperando que yo inventara.

Ese era yo buscando desesperadamente el cariño que necesitaba de ti y esa eras tu viviendo en negación, como si el callarlo lo hiciera menos real o menos peligroso para ambos.

Eramos jóvenes.

Muy jóvenes.

Aquel día, años después cuando te marqué había decidido no pedirte nada, nunca, nada, no de nuevo. 

Ya no. 

No esta vez. 

Empezaba a comprender muchas cosas que no estaban bien de mi parte, comprendí que en vez de juzgar desde mi perspectiva debi tratar de comprenderte desde la tuya. 

Es una lástima que ya empezaban a pintarse dos o tres canas en mi cabeza cuando logré comprender esto. 

Y hablamos, y hablamos y hablamos... ¿Recuerdas de que hablamos? lo de siempre: todo y nada.

Y no paramos de hacerlo.

Y en cada plática, en cada risa, cada que salía una anécdota, cada que empezaba a asomarse un recuerdo, cada que nuestra historia de juventud resonaba en nuestros corazones empecé a darme cuenta de lo inútil de aquellas preguntas.

No debí hacerlas, no era necesario. Solo tenía que hacer a un lado el enorme tamaño de mi ego que pedía a gritos ser reconocido, guardar silencio y escuchar tu corazón.

Me quisiste y la palabra mucho se quedaba corta con lo que sentías.

De repente la verdad me golpeó de fondo y forma, no la vi llegar y cuando me di cuenta ya tenía el muro de mi ceguera sentimental estrellándose en mis narices.

¿Cómo no habrías de quererme después de haberlo arriesgado todo por mi?

Y después de tan bella revelación, entre plática y plática nuestro cariño se fue reencontrando, reuniendo los pedazos de corazón que se fragmentaron de aquellos días, resanando, resurgiendo, empecé a vivirlo en vez de pensarlo, a soñarlo en vez de exigirlo, nos deje llevar por fin haciéndo a un lado mi necesidad de atención y drama.

Escuché, esta vez, atento, muy atento.

Cada pulso, cada latido, cada gota de sangre drenada a través de tu sistema circulatorio me decía con voz fuerte y clara lo que yo pedía a gritos cada noche después de aquel abrazo en el estacionamiento.

Así me acostumbre a escuchar tus sentimientos, a leer tus tonos de voz, tu mirada, tus suspiros, hasta el ritmo de tu respiración.

Lo sabía, estaba seguro, me querías, me quisiste, me quieres. No estaba adivinando del mismo modo en que no tienes que adivinar cuanto es 1+1,simplemente lo sabes. 

Pero eso no me tenía preparado para aquel día, ese día. En que mi mundo cambió por completo. Lo sospechaba, no lo creía posible por que hasta yo trataba de negarlo. No era posible, no era probable. Tu y yo no creíamos en eso o nos negabamos el uno al otro el creerlo.

Imposible, no era cierto.

Ese instante, ese momento, esa tarde en que llegaste hasta mi trabajo.

Me miraste, me sonreíste, te detuviste para que me bajara de tu vehículo y me dijiste: Te amo.

Y el mundo como lo conociamos dejo de existir.








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