viernes, 16 de agosto de 2019

Un suspiro al final del tiempo

agosto 16, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Cruce ríos, subí cerros, caminé pastizales...

Corrí a través de pueblos y colonias, lo mismo dormí en casas de madera, tierra o cemento.

Anduve, anduve mucho.

Anduve solo.

Cargaba con mis pensamientos como amigos, miraba la luna tendido en la góndola de una camioneta, paciente, con calma, esperando regresar a casa.

Mis ropas se empaparon de lluvia o de sudor y a veces de ambos, mi frente fue rajada por el sol, mis pies quemados por el polvo.

Alguna vez te dije que no me cansaba caminar... no sé si me creíste.

Nunca me sentí solo, por que me crecí solo.

Me crecí solo estando acompañado.

Viví en mi mundo, aprendí de él a través de los ojos de los demás y cuando me tocó salir me di cuenta que no sabía nada y seguí aprendiendo. 

Yo, mis pensamientos y un par de zapatos que aguantaran mis largas caminatas era todo lo que necesitaba para continuar con mis días.

Amé mi soledad, nada me faltaba o eso creía.

Entonces llegaste tú.

Y mis viajes se me empezaron a hacer largos, cansados, aburridos. Pensaba en que harías, en donde estarías, en que pensabas, en cuantas horas de viaje faltaban, si te acordabas de mí, si pensabas en mí, si irías por casualidad ese día hasta mi oficina a ver si me encontraba, si preguntarías a donde me fuí o cuanto tardaría en volver.

Muchas de las canciones que te obsequié de "la carpeta uno" son de esos primeros días, de cuando aún viajaba y ya te había conocido.

Y empecé a buscar pretextos para no viajar, para no salir, para permanecer contigo.

No sé si lo supiste o te diste cuenta.

En uno de mis últimos viajes te mensajeaba desde la regadera, como ahora, solo que en aquel entonces no me creías. Y te fuiste volviendo parte de mí y después vino aquel abrazo de despedida que finalmente terminó con todo, por mi culpa como siempre, y creí que mi mundo regresaría a la normalidad después de eso.

Pero no fue así.

Empecé a andar de nuevo un tiempo pero ya no era lo mismo.

Mis pensamientos ya no eran mis amigos por que habían decidido andar contigo.

Nunca te he dicho lo que pasó después que decidí retirarme de tu vida hace ocho años.

Pero te extrañé mucho.

Intenté borrar tu nombre de mi cabeza, de mis sueños y pensamientos. Traté de imaginar un mundo sin tí y eso me hizo entrar en conflicto conmigo mismo. Intentaba convencerme con todas mis fuerzas que era mejor así, que no te necesitaba en mi vida, que no eras indispensable y eso me llevó a muchas etapas de sufrimiento de las cuales tu fuiste testigo en algunos casos, desde el resentimiento que te llegué a mostrar, el desdén, la falta de empatía y a veces regresaba como perro con su dueño con la cola entre las patas a decirte hola de nuevo.

Y contestabas y en algún punto me volvía a enojar, contigo, conmigo, con todo, con el mundo.

Y me iba.

No corazón, no me haces daño al estar conmigo ni de cerca ni de lejos, ahora lo sé. 

Me hace daño tu ausencia.

Me deja vacío.

Me causa incertidumbre el no saber de ti.

Pero no quería regresar a tu vida por necesidad, tenía que encontrar primero la paz conmigo mismo antes de intentar volver hacia ti. Ahí fue cuando empecé a tratar de realmente comprender lo que había pasado. Cuando me fui no lo hice odiándote, me fui confundido de que no me pudieras decir tus sentimientos y como, dije antes, me faltó escuchar tu corazón en vez de tu voz para darme cuenta de la verdad.

Y desde ahí empecé a trabajar en mi mismo, poco a poco, en vez de querer cambiar al mundo decidí cambiarme. Me perdoné por la espiral de autodestrucción que me estaba inflingiendo, me di cuenta que el problema no eras tu, ni yo, sino de las circunstancias como siempre, que sufrimos igual en el mejor de los casos, que no tenía nada que perdonarte ni tu que perdonarme.

En mi último viaje, antes de aquella llamada, fui a una hermosa playa, destino turístico, por cuestiones de trabajo. Viajé en un barco a través del mar agitado por la llovizna que medio caía y medio dejaba ver los últimos rayos del sol de entre las nubes, apenas lo suficiente para pintar un ocaso, apenas lo suficiente para recordar que aún llovía.

Todo era fiesta, había licor y cerveza, cantos, bailes, música, personas disfrazadas de pirata haciendo una obra muy entretenida, actores realmente. Y en medio de la algarabía me fui a un rincón como siempre hago, a la punta del barco a ver lo que se pudiese del atardecer.

No me percate pero por primera vez en mucho tiempo me sentí en paz con mi soledad de nuevo.

Y sin embargo, sentía que algo me faltaba.

No supe qué, debo confesar que no recordé tu nombre, ni tu voz, ni tu cara en ese momento.

Fue hasta mucho tiempo después que recordando aquel instante caí en cuenta. Pensando en aquella tarde recordé el primer libro que leí, uno de ciencia ficción: Viaje en el tiempo de HG Wells. En él cuando el protagonista viaja miles de millones de años en el futuro se encuentra en una playa completamente oscura y vacía, con un crustáceo apenas moviéndose en ella.

Siempre creí que ese crustáceo era la criatura mas solitaria del universo, al final del tiempo, en un mundo decaído, sin sol, sin luna ni estrellas...

Sin luna ni estrellas.

Y solté un suspiro.

Y sonreí.

Y supe que ya era tiempo.

No te necesitaba, pero extrañaba tenerte en mi vida.

Amaba mi soledad, pero amaba más compartirla contigo y eso, para alguien que estaba acostumbrado a caminar por el mundo solo, ya es mucho decir.

Por eso volví queriendo tenerte de la forma en que te dejaras tener.

Y las cosas sucedieron de una forma que no esperaba pero que nunca podré estar mas agradecido con la vida de haber podido experimentar. 

Sigo aferrado a ti por que creo que aun te hago feliz y tu aun me haces muy feliz.

De lejitos, calladitos, muy queditos, pensando en que haremos, en que pensaremos, en que nos preocupa, que nos ocupa, que necesitamos, si nos podemos ayudar, si hay algo que podamos hacer o simplemente el hecho de decir aquí estoy para escucharte es suficiente para hacernos felices.

Aún me duele tu ausencia y después de probar el tenerte tan cerca es difícil mantener la distancia, pero por ahora solo busco hacerte sonreír a detalles para agradecerte lo feliz que me hace el tenerte de nuevo en mi vida.

Por que ahora sé que ayer, hoy y hasta el final del tiempo, siempre te querré mi eterno corazón.





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