lunes, 30 de septiembre de 2019

Arroz con Leche

septiembre 30, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Esa fue la última vez que te vi.

El brillo en los ojos, la sonrisa en tus labios y sus roces con los míos, la última vez que el dulce tono de tu voz acarició mis oídos con cada palabra.

Es así como te recuerdo.

Con tu blusa bordada y el suave olor de tu cuerpo impregnando tu piel, ese olor que me hace soñar y que de repente se me aparece como un fantasma en mis noches cansadas.

El olor que me persigue y no me suelta, que me impulsa de un salto a salir de mi ensueño y me pierde por un instante en una realidad distinta, ahora apagada.

Es así como te imagino.

Con los lunares de tu rostro recreando una constelación que rodea tu hermosa sonrisa, con esos pómulos resaltados que tanto me gustan besar. 

Con nuestra piel canela juntándose, tu mano entre las mías, tus ojos perdidos en la inmensidad de mi adoración.

Es esa la imagen que aun llevo.

Es curioso imaginar que en el lugar donde todo volvió a empezar se dió nuestro último encuentro.

Llevabas en tu mano un recipiente de plástico delgado y transparente que aún recuerdo.

El corazón me saltaba de emoción, quería probar aquello que preparaste con tanto amor y tu no disimulabas tu desesperación por saber que diría.

Y lo quise guardar para disfrutarlo a solas, sin el mundo, cerrando los ojos para absorber cada grano y cada gota que representaban tu cariño.

Créelo lo así lo hice.

Pero ya no pude decirte cuanto me había gustado, ni explicarte cuanto me había emocionado el probarlo. 

Tu ya no estabas cuando lo dije.

Ya te habías ido, te habías perdido, desvanecido, ocultado.

Ya no te dije con cuanto cariño saboreaba cada bocado, imaginando tus manos moverse en el calor de la cocina, con tus labios simulando una media luna, preguntándote si en verdad me lo darías o si en verdad lo comería.

Ya no te pude dar las gracias.

Era tu amor en un mediano vaso de plástico transparente.

Te extraño.

Extraño no saber que me dirías o como reaccionarías.

Sufro tratando de imaginar tus reacciones, de incredulidad tal vez, de asombro, de complacencia o simplemente sabiendo que no sería capaz de decir algo malo de él.

La verdad es que me gustó y al igual que el olor de tu piel, o el sabor de tu aliento, o el dulce de tus labios, no logro olvidarlo.

Pero los hubiera no existen y ahora nunca sabré que hubiese sucedido después de ellos.

Te fuiste.

Por mi culpa.

Por un trauma del que tu sembraste la semilla y que se fue alimentando con tus caprichos ocasionales, mi sed de drama y un poquito de paranoia.

Y aún te sigo esperando.

Aún deseo que regreses.

Ven, que te quiero decir que aún se me antoja un poquito más de tu arroz con leche.

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