lunes, 2 de septiembre de 2019

El peso de tu ausencia ( la hermosa levedad de tu recuerdo )

septiembre 02, 2019 Posted by Don Dramas No comments
Hubo una época en que para verte solo tenía que buscar un pretexto para cruzar los pasillos.

Hubo un tiempo en que solo tenía que levantar la mirada para encontrarme con la tuya.

Podía tomar tu mano camino a casa y sentir el olor único de tu piel por las mañanas.

En aquel entonces no sabía a que sabían tus labios, pero era feliz de saberte tan cerca de mí, cada día, todos los días laborales de la semana.

Nunca contamos la cantidad de ocasos que se pusieron tan cerca de nosotros, escondidos entre los vidrios de aquél viejo edificio.

Nunca supimos cuantas veces nos abrazamos por que en ese instante lo que importaba es que cada abrazo se sentía como el primero.

Tu temblabas con mi mirada, yo me deshacía en la tuya.

Yo te abrazaba hasta con el pensamiento y tu lo sentías como si fuera tan cierto, tan vivo, tan real.

Un triste día, una triste tarde me di cuenta que todo ello se había convertido en un recuerdo.

Miraba la escalera donde te vi desaparecer lentamente aquella última noche, como esperando a escuchar el sonido de tus zapatos altos rebotando entre las paredes de nuevo.

El eco de tu risa quedó grabado en mi cabeza.

Cuando cambiaron de dirección las oficinas una parte de mí llegó a sentir alivio.

Aun así, tu nombre seguía siendo mi refugio cuando las largas horas de cansancio agotaban mis defensas, las barreras que me había autoimpuesto para abandonarte, para olvidarte, para negar tu existencia, simplemente se desvanecían como arena entre los mares.

Terminaba cediendo al capricho de mi corazón y regresaba a donde nunca debió haberse ido.

Empecé a contar las veces que te veía, los días que trataba de buscarte.

Te saludaba con mas ganas de convencerme que no eras tu lo que extrañaba sino la idea que me hice de ti, en vez de tratar de reconocer tu corazón que aún seguía en el fondo guardando aquello que no estaba dispuesto a dejar ir.

El peso de tu ausencia me hundía en la mas profunda oscuridad por que me negaba a admitir el error de haberte abandonado.

Me había torturado pensando lo que perdí.

Hasta que empecé a darle importancia a lo que había ganado.

Aquello que me hundía me empezó a sacar a flote.

Se convirtió en levedad, en ligereza.

Nunca te perdí, no del todo.

No creí que tratando de rescatar el (según yo) poco cariño que me tenías terminaría obteniendo el amor que nunca busqué.

Obtuve el sabor a café y té de tus besos, la sensación de ser acariciado sin realmente serlo, esa sensación que solo tu me has provocado, ese corto circuito que recorre mi cuerpo cuando nuestros labios se encuentran y se tocan suavemente y que resoplan el delicioso aroma de tu aliento, el olor único de tu piel canela, mientras empujas mi rostro hacía el tuyo mientras lentamente nos invade el deseo de desaparecer del mundo para perdernos en el sentimiento que nos consume, nos pierde y nos aniquila.

En más de una ocasión sin darnos cuenta, terminabas incómodamente recostada entre mis brazos, entre los asientos, palancas y cosas que cargas a tu trabajo, unida en un largo beso conmigo.

Y una triste mañana, ésta triste mañana... Me he dado cuenta que se está convirtiendo en un recuerdo.

Pero esta vez ya no me hunde.

Me da vida, alegría  y emoción.

Por que aun te tengo.

Por que no nos hemos perdido.

Solo estamos dormidos, soñando y esperando con el día en que podamos reencontrarnos.

Te pienso despierto, te sueño dormido, te imagino entre parpadeos, te espero entre respiraciones, te anhelo entre suspiros.

Aún vuelo, aún no he caído, aún me sostiene la hermosa levedad de tu recuerdo.

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