viernes, 13 de marzo de 2020

Viernes 13

marzo 13, 2020 Posted by Don Dramas No comments
Fue un viernes 13 de hace nueve años que comencé a escribirte.

Recuerdo que mis primeras líneas fueron sobre como me alejaba lentamente de ti, con la mirada al piso, pensando que todo se había acabado.

Le escribía a un final sin saber que era un principio.

Escribí, escribí mucho, escribí de todo lo que sentía y empezaste a entenderme mas que cuando estábamos juntos.

Los recuerdos son confusos, se que hubo intensidad, algunas risas y muchos silencios.

No decías mucho sobre lo que escribía, pero sé que fue importante para ti.

No recuerdo mucho sobre lo que escribía, pero sé que fue muy importante para mi.

Lo importante no es lo que escribí o lo que leíste, sino el impacto que causo en nuestras vidas, moldeándolas completamente en un mundo nuevo y diferente.

Lo importante es que nos quisimos a través de las letras perdidas.

Eran la base y el fundamento de lo que alguna vez fuimos, era el tenue hilo de las líneas que se extendían en ellas las que nos mantenían unidos.

El día que desaparecieron, desaparecí yo.

El día que reaparecieron me di cuenta de que solo podía escribir para ti.

Para tu mirada, para tu sonrisa, para tus alegrías, tus penas, tus enojos.

Son tuyas, por muy lindo y triste que eso sea.

Y estarán aquí el tiempo que el internet aguante.

La ultima vez se fueron por un berrinche infantil de mi yo aun adolescente disfrazado de señor joven.

Ahora mi alma empieza a hacerse vieja.

Ahora sé que cada momento plasmado aquí es la reseña del camino que fue definiendo nuestro cariño.

Te perdí cuando mas perdido estaba en ti.

Se acabó cuando ya me había rendido a tus pies, aceptando que no existe mas mujer para mí que la que está dentro de ti.

La única que conoce mis pecados, mis tristezas, mis locuras, mis dramas y es capaz de decirme “relájate”.

Parece una palabra simple pero en tus labios fue siempre un hechizo mágico que me hacía consciente de mi propia taruguez.

Ojalá te hubiera hecho caso mas veces de las que lo hice, hubiera disfrutado mas tiempo de tu dulce compañía.

Y ahora, nueve años después, te vuelvo a escribir un viernes 13.

No hay miradas al piso, ni despedidas fúnebres.

He aprendido que la vida es larga y cuando dos corazones se buscan terminan encontrándose.

Quizá haya perdido la inmediatez de tu presencia, el sonido tibio de tu voz cada mañana o el suave aliento de tus labios con sabor a te y café.

Pero no te he perdido a ti.

Una parte de ti sigue en mí, la que me ha hecho mejor persona.

Y la otra parte se que anda por ahí en algún lugar, tratando de seguir con su vida, intentando ignorar mi recuerdo.

Al final, no tener tus abrazos, duele.

No tener la piel de tus manos acariciando las mías, duele.

No tener tus besos cada mañana, duele.

Duele el sueño de una casa dentro de un árbol o una de campaña sobre un cajón del estacionamiento.

Duele la realidad.

Pero prefiero mil veces haberte conocido y haberte perdido que jamás haberte encontrado.

Deja de doler cuando sé que te enamoraste de mí.

Tú, una mujer que admiro, que respeto, que aprecio, adoro y que me encanta en cada una de las formas que puedan existir.

Tu sentido del humor, tu forma de pensar, hasta los ojitos que se cierran cuando ríes, como mueves tus hombros cuando te pones jocosa, como respiras cuando te emocionas, como cambian de posición tus lunares cuando curvas los labios para dar un beso.

Llegue a sentir la intensidad de tu vida latir sobre mi piel, cerca de mi corazón.

Pude sentir todo el amor que tenías por mí.
Lo recuerdo y la tibieza de tus gestos cubren mi cansado rostro y me hacen sonreír con la cara boba que siempre me hacías poner.

Aquel viernes 13 me fui pensando en todas las cosas que no te pude compartir.

Hoy, mientras la noche cae y nuestra luna se levanta, me quedo pensando en que te di todo hasta donde pude, no quedo nada de mí que me faltará por entregar.

Me conociste mejor que nadie en el mundo, te conocí mejor que nadie en el mundo.

Gracias por todo, corazón.

Sabes que te quiero hoy, mañana y siempre.

Sin importar si llegas a ser distante o cortante conmigo.

Te seguiré queriendo.

Siempre recordaré cuando fuiste tu para mí y yo para ti.

Seguimos siendo dos caras de la misma moneda.

"A mi me toca decirte que seré esa persona que siempre estará allí..."